REEF

Todo lo que se sumerge en el reef (o en la web, como otros lo llaman), además de impredecible, desconoce el tiempo lineal y la palabra origen. Por eso los libros que encontrará acá abajo están hechos de voz y agua, y aunque no tengo idea quién es usted o cómo suena su estornudo, déjeme ofrecérselos a cambio de sus ojos ahora mismo al otro lado del cristal. Usted escoge. Haga click en cualquiera de estos experimentos.  No olvide, eso sí, dejar alguna seña entre la arena…

Río, 2010 (Edición de autor)

Diarios de nada, 2011 (Split Quotation y Letras sueltas)

Balada / Track, 2012 (Oruga tanteando el infinito)

Elevador, 2071 (Suburbano Ediciones)

Epigramas del viajero

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En vista de la fila que se armó para subirse al Elevador, hemos decidido compartir los “Epigramas del viajero”, el mismo que siempre estuvo a punto de aparecer en el Museo de la Novela de la “Eterna”, y la Niña de Dolor, la “Dulce Persona”de-un-amor que no fue sabido, pero que no alcanzó a lograrlo porque siempre estaba viajando. De cualquier forma, si quieren seguir este drama fenomenal, no olviden que las puertas macizas de cuarzo del Elevador están ansiosas de verlos pasar por AQUÍ… 

Epigramas del viajero

(Capítulo II. Segunda Parte. Elevador, por Juan Zevallos-Brum)

Nunca dejes tus documentos donde crees que no los van a encontrar.

No abandones ningún pueblo sin visitar antes el mercado o el cementerio.

No preguntes cuánto cuesta esto o lo otro, sólo paga con cara de saber.

Emborráchate los jueves.

Deja un calcetín en cada hostal.

Ríete de los turistas como si fueras del lugar.

Llama a las cosas por su nombre. ¡El chompipe es el chompipe y listo!

Deja de hablar de tus viajes. A nadie le importan.

Sumérgete en el agua y olvida en qué parte del mundo estás.

Paga lo justo.

No hables lenguas que no respetas.

Medita.

Busca las azoteas.

Persigue a las chicas en patines.

Todas las puertas son falsas hasta que se compruebe lo contrario.

No permitas, por ningún motivo, que la novela te consuma.

Si vas solo, ve solo.

No seas cretino, toma el transporte público.

Enamórate 13 veces y otras 13 veces olvídalo.

Elevador ya está en el reef!

Portada Elevador

Para usted lect@r conectad@ o desconectad@, aquí le dejo Elevador =>

http://books-marketplace.com/shop/editorial/suburbano-ediciones/elevador-en.html

Si acaso no tiene a la mano un lector de libros electrónicos, puede bajar AQUÍ un programa que le ayudará a leer desde su portatil o escritorio.

Como el viaje de Elevador es breve e intenso, no se apresure; recuerde que uno de los epigramas del viajero reza:

Sumérgete en el agua y olvida en qué parte del mundo estás

¿Que quién es Juan Zevallos-Brum?

Zevallos-Brum en Hochelaga 1

Juan Zevallos-Brum

(Tierra de Maíz, 1975? – Ciudad de las Cebollas Salvajes, 2069?)

Traductor, ciberactivista, viajero. Según las pistas que él mismo dejó en los epílogos y notas al pie de sus múltiples traducciones, sabemos que vivió en Hochelaga parte de su juventud, a donde su familia habría llegado como refugiada a finales de los años ochenta del siglo pasado. Elevador desentraña parte de su historia en los años que siguieron a la inolvidable traducción de El Juicio de Estala (o Shock Me Like an Electric Eel en su versión original), novela de culto en el reef trenzada por un tal Alejandro Pimienta, autor del que sabemos aun menos. La foto de Zevallos-Brum que presentamos hoy es parte del archivo personal de Marina Bolívar; en el reverso se alcanza a leer, casi como una estela en el agua: Hochelaga, primavera de 2014.

Quedan pocas horas para el lanzamiento oficial de Elevador! Súbanse desde cualquier lugar del globo => https://www.facebook.com/events/893723347337132/896322750410525/ 

Pero…, ¿de qué va Elevador?

Tablero_Elevador

Aquí abajo traigo el tablero inicial (índice, guiño, control remoto) que nos dejara Juan Zevallos-Brum, el traductor. Como habrá de notar el lector, cada piso, cada anillo, cada nuevo abrir y cerrar de Elevador ha sido construido pensando en él, pensando en ella, pensando en el lector. Así, cuando el lector chapalatee (sólo faltan 3 días para ello), los epígrafes – esas señas en la arena – comenzarán su danza.

UNO

Es cierto que “el viajero entonces pronunció algunas palabras

que desde la novela no se oyeron y saludando se alejó” (suelen

hacerlo los viajeros). Mi novela saludó también pero quedó

muy mortificada…

Museo de la Novela de la Eterna

Macedonio Fernández

I Donde el lector no sabe lo que viene

II Donde el lector continúa sin saber

III Donde el viajero insiste en un tal Pimienta

IV De las divagaciones del traductor

V De las maravillas del hidropónico

VI Donde la no-existencia finalmente se desnuda

VII Variaciones de la rubia

DOS

Todo es parte de una danza que hay que representar. Los caminos

de la existencia son misteriosos. Los equilibrios exigen cosas extrañas.

Ygdrasil

Jorge Baradit

I El elevador

II Epigramas del viajero

III Donde el lector cae en cuenta de que no se ha explicado lo que desde el comienzo se ha estado preguntando

IV Y pensar que otro a su lado

V Donde el traductor anota para el lector indicios varios sobre la no-existencia

VI Donde sería tan fácil naufragar

VII Capítulo del autor que no quería ser clasificado, con estilo poético forzado y obsesión desmesurada por el personaje doble de la mona/rubia

VIII De tecné entre las brumas

IX Donde el lector advierte que ya no habrán más páginas

Nota del editor

Aquí van las primeras páginas de ELEVADOR

El bar giratorio

I. Donde el lector no sabe lo que viene

Un edificio como un Espiral de vidrio y viento en la mitad de un lago. En el último piso, un bar giratorio desde donde veo a través de sus cristales la humareda de la ciudad ardiendo. Yo soy el traductor, el que lleva 33 días acodado en la barra, hablando de cualquier cosa con la camarera.

– Hoy le quiero presentar a alguien – me dice recogiéndose el pelo.

Es una rubia de gestos decididos. Llega todos los días a las siete y se queda hasta el amanecer. Todas las tardes espero el segundo en que se ajusta el delantal con las manos en la espalda y se le ciñen los senos a la tela negra. Afuera cae la tarde sobre el lago y el ocaso compite con las llamas en la costa.

– A quién.

– Al viajero – me dice sonriente.

Sabe que estoy viejo y solo, y que ya no ganaría ninguna apuesta. Por eso exagera su juventud cada vez que me mira a los ojos.

– ¿Y es que tengo cara de querer conocer viajeros?

– No “viajeros”, zonzo – me explica como si fuera un niño -. Es el viajero, uno sólo – y me pasa la carta -: ¿Alguna bebida para empezar?

– Ayer llegó una del Sur Profundo…, alemanes inmigrantes. Tiene un nombre impronunciable.

– Traeme una pinta de esas.

La veo alejarse con su cuello largo, con sus dedos como pinzas en la noche. Una vez, hace tiempo, la vida pudo ser encontrar una rubia como ella.

Un segundo y la veo regresar con el vaso húmedo. Un flaco camina zigzagueante desde la puerta, esconde la mirada bajo un sombrero de otro tiempo. Hay algo de clown en su traje y en su rostro.

– Aquí está su cerveza…, de paso le presento al viajero – dice triunfante.

No digo nada. Miro al tipo con asco y me bajo el primer sorbo. Sin titubear, el viajero se sienta a mi lado. Es la barra, no puedo echarlo y no voy a armar problema ahora. Me acompaña en silencio. Creo que el bar da un giro completo antes de que alguno de los dos se anima a romper el silencio. Eso que pasa a veces cuando nos entregamos a los cristales. No escuchamos el viento, pero todos sabemos que allá afuera canta y abraza el Espiral. No escuchamos el chasquido de las olas, pero desde acá vemos la espuma acercarse y alejarse.

– Yo soy el viajero – dice el tipo y percibo su acento del Sur. Seguro fue actor y por eso sabe controlar la escena.

– Mire, viajero, no tengo ganas de hablar ahora.

– Me vale un huevo, traductor, hablaré yo. La mina de la barra me ha dicho quién sos, pibe. – Lo dejo hablar mientras me bebo la pinta de nombre impronunciable. – Yo soy el viajero de la novela – (pienso que si repite una vez más la palabra “yo”, voy a pararme e irme) -, no viajero de novela o de la novela adentro, de esos hay muchos, sino viajero por fuera de la novela.

– Mire, viajero, sinceramente no sé de qué novela me habla. Además, me chinga su historia y no valdría la pena traducirla.

– Vos no has entendido, pibe. Yo te voy a decir una cosa. En el piso 61 vive un flaco que lleva varios años hablándome de vos.

– Usted está bolo, mano, y todo esto es pura necedad. Si llegué hasta acá fue para olvidarme de todos los dramas y de intrigas como esta que usted ni siquiera sabe contar.

– Pimienta sí me dijo que eras testarudo.

– ¿De qué Pimienta habla, hombre? – y lo miro amenazante.

– Del mismo que vos estás pensando. El flaco siempre me dijo que ibas a llegar un día, que un macanudo como vos no se iba a quedar con las manos cruzadas.

– Pues ya ve… ¡aquí estoy con las manos cruzadas!

– No. Estás acorralado, boludo, que es distinto. Han pasado años desde la traducción que vos hiciste de El juicio de Estala, y todos sabemos aquí que han sido años de lucha.

– Ya estoy retirado, viajero, no tengo ánimo ni tiempo para esto. Además, Pimienta desapareció hace más de cincuenta años. No es posible lo que dice. Todo esto es sólo una estratagema para engañar a un viejo.

– Vos podés hacer lo que querás, traductor, pero esta misma noche podría ponerte en contacto con Pimienta. Sólo necesito que vos me ayudés con algo. Pensalo…

Han empezado a llegar los primeros clientes de la noche. Todos saludan al viajero como a un viejo amigo. Lo veo alejarse leve hasta la puerta principal. La rubia le sonríe cómplice.

Corajuda la chava. Todos estos días me ha sacado información.

Cuánto paga un viejo por la sonrisa de una rubia. ¡Chucha! La veo acercarse casi bailando para mí. Trae otra pinta sin que la haya ordenado. La descarga fuerte sobre la madera lisa y brillante.

– Cabal, ya conoces al viajero. Ahora cuida tus palabras, guapo….

El viajero, el traductor, y el personaje doble de la rubia/mona ahora mismo están esperándolos en algún punto del tiempo. Si quieren subirse al Elevador y zambullirse de una vez por todas en la no-existencia, vayan al lanzamiento oficial en sólo 7 días => https://www.facebook.com/events/893723347337132/

Elevador, 2071

La Ciudad de las Cebollas Salvajes

Es el año 2071. La Ciudad de las Cebollas Salvajes está ardiendo mientras el Espiral continúa intacto en la mitad del lago. El caos y la desinformación de nuestro tiempo ha disipado la tragedia. Juan Zevallos-Brum, el traductor, acaba de infiltrar en la Intranet este testimonio, Elevador. Llevamos varios meses editándolo junto con Lauren Wile de Risk Publishing (California) y la escritora de sham-chronicles Marina Bolívar. Sólo faltan 9 días para que Elevador comience su carrera en el reef. En Miami, ya nos dieron la luz verde para su publicación. El viajero, aquel famoso ausente del “Museo” de Macedonio y también personaje de Elevador, estará feliz cuando se entere desde la no-existencia. Dependiendo de la distancia en que ustedes se encuentren del Espiral, podrán leer Elevador como novela, cuento, testimonio o manual de instrucciones. En cualquier caso, si conocen a Jorge Baradit, díganle por favor que Zevallos-Brum hizo la primera puntada pensando en Ygdrasil.

No pierdan la calma, estaremos informándolos en las próximas horas… ¡Cambio y fuera!

La polifonía de la nada

Didier dedicatoria

 

Un buen día (lunes…) para leer esta reseña del joven escritor D. Andrés Castro:

…Tenemos, por ejemplo, Fuga Big-Bang en una histérica y peculiar narración que se desarrolla en primera persona y con tintes metanarrativos que te saca una sonrisa. Historias que parecen ir de para atrás como Loto Punk. Historias de borracheras, salidas nocturnas, relaciones de pareja; catarsis del novel escritor tratando de dar vida a sus historias.

El libro ha jugado con un elemento que lo hace dinámico. Integra bajo el título de cada relato un paratexto que te llevará a una página web, en la que podrás leer un poco más sobre este o el escritor. Este paratexto es muy interesante en términos de conectividad. En su versión física o digital podemos acceder a contenido distinto, que amplían o generan grupos de lectores. Esto también amplía la propia proyección de la idea de libro tan en debate hoy. Estos paratextos son fácilmente leídos por un teléfono celular o en la versión digital (que encontramos gratisen internet) a un clic.

Al leerlo notamos una voluntad desenfrenada que nos quiere llevar al caos, una escritura que quiere Ser. Allí lo valioso de esta propuesta. Tenemos historias cotidianas bajo todas estas pinceladas de un escritor joven, con todos los errores que implica la escritura, pero también con toda la fuerza por vencerlos. En nuestras manos tenemos un panorama sobre la vida en crudo, escrito con terquedad.

Seguir leyendo =>http://muuumuuum.blogspot.ca/2014/02/diarios-de-nada-juan-guillermo-sanchez.html

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